Pafos y Lárnaca en un mismo sitio: cómo funciona en la práctica la isla dividida, por qué no hay ferrocarril y el único mes en que puedes esquiar y bañarte el mismo día de forma verosímil.
Las cosas que cambian una decisión, no un resumen de la guía turística.
La República de Chipre controla el sur; el norte está bajo administración turcochipriota. Los pasos están abiertos —el más cómodo es a pie por la calle Ledra, en Nicosia— y hace falta pasaporte. El seguro del coche de alquiler con frecuencia no cubre el norte: compruébalo antes de cruzar al volante.
Todo se mueve por carretera. Los autobuses entre ciudades son baratos y lentos; casi todo el mundo alquila coche o coge excursiones. Se conduce por la izquierda, herencia de la administración británica, lo que pilla desprevenido a quien llega de la Europa continental.
Los suelos de las villas romanas del parque arqueológico están entre los mejores del Mediterráneo, y el recinto es abierto, llano y sin sombra. Ve temprano, lleva agua y trata una visita a mediodía en julio como una mala idea, no como un acto de valor.
La montaña conserva nieve de enero a marzo y hay unos pocos remontes en el monte Olimpo. Esquiar por la mañana y bañarse por la tarde es aquí una posibilidad real en febrero, y ambas cosas están a hora y media de coche.
El mar está agradable de abril hasta noviembre, más que en ningún otro punto de la cuenca mediterránea. En verano el interior supera con regularidad los cuarenta grados, así que la costa es donde el verano resulta llevadero.
Rara vez cae en la misma fecha que la occidental, y es la mayor fiesta del año: los pueblos se llenan, los restaurantes están reservados y algunos sitios cierran ese día. El Kataklysmos, en junio, es la otra grande, celebrada frente al mar.
Qué está abierto, cuánta gente hay y cuándo conviene reservar con antelación.